Hay momentos que querría desnudarme de sentires, hay días que es mejor pasar por alto los suspiros... hay instantes sin letras suficientes para acunar el alma, y amaneceres que se beben de un trago las estrellas.
Por eso guardo siempre, en mi mochila de palabras aquellas de los rezos de mi abuela, que no sé si entonces me servían para nada... ahora me llegan como un eco de infancias asombradas y se agarran al alma para mecerla.

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