viernes, 25 de agosto de 2017

Cuando era niña creía tener una amiga imaginaria, se llamaba Lucía.
Cuando crecí pensé que tenía un yo, algunas veces ese yo se colaba al otro lado del espejo.
Ahora que hace mucho que no crezco, sé que no tengo un yo, ni una amiga imaginaria, apenas tengo otra cosa que la necesidad de comunicar mi error, de abrir mis tripas de par en par y poner las vísceras  a secar al sol.
Soy poco más que dos palabras lanzadas al mundo sin despegar los labios mientras en mi cabeza danzan los rugidos de un león herido al compás del viejo violín desafinado, el violín chirría, el león marca los segundos tamborileando sobre el taburete cojo y ruge sin piedad; y mientras tanto, yo sueño que soy.

domingo, 20 de agosto de 2017



La calle fue silencio y lágrima, la calle fue un pasillo emanando tristeza.
La calle fue mi calle, fue tu calle, fue la calle de todos, y la calle fue miedo, y del suelo brotó un olor a hombres y a niños.
La calle se apagó por un instante y miles de ojos temblaron bajo el peso apagado del dolor.

viernes, 4 de agosto de 2017

Cae la tarde sobre dos cuerpos que dibujan curvas en un horizonte estéril.
El viento trae cánticos lejanos, plegarias caducadas... mientras, el rosario se desliza entre los dedos rugosos del anciano y la campana anuncia el desaliento.


Es el despertar, ¿o acaso la llegada?