lunes, 15 de octubre de 2012

Sin tiempo



Se me escapan del ayer las horas muertas
y se agolpan a las puertas del olvido,
estoy apenas dos suspiros del después
y solo puedo pensar en ahora,
en tu mirada, esa que solo es mía.

Hágase la voluntad


Ya están llamado, ¿Escuchas amor?
Ya pusieron sus huellas en la puerta
No tengo escapatoria, es la primera hora de aquello que escribiste; no temas amor, pues he de correr a encontrarme con el día.
Hágase la ley del alba sobre tus tristes ojos, hágase el silencio sobre todos los pañuelos que guardan tu llanto... hágase la voluntad de los duendes que patean en mis tripas matando primaveras.
Hágase un rayo de luna bailando los otoños por tu almohada.

Huelen los sueños

 
Huele, a pesar del no ser, huele...
Huelen los pensamientos que deambulan por la sombra, huele el estado del no estar, de la ausencia...
Huele la espuma sobre las rocas, huelen los cantos de sirenas.
Huelen los escombros sobre el tejado que cubre una esperanza.

Vida

 
 Nos sobra hambre para comernos el miedo,
 imaginación para volar por encima de la nada...
 Nos sobran letras para desbordar el alma,
 nos sobran ganas.

A solas



Despertar,
Mirar,
Oscuridad,
Pequeñez,
Fuerza.

Pisadas breves para alcanzar largos sueños.
Manos abiertas esperando entregas.
Mirada acallada a golpes de verdad en cada esquina.

... y te preguntas una y otra vez, porque así te lo enseñaron los duendes asesinos de ilusiones... -te preguntas-¿Quién tiene la verdad sobre los hombros?

¿Quién es el valiente que se acerca a tu mirada y la mantiene?

¿Quién es nadie para estar por encima de tus pasos?

Ya no puedes creer, no logras escapar, no sabes olvidarte del olvido... Ya no consigues atrapar mil mariposas en tu vientre y acunarlas.

Acaso sea pronto para ti, acaso ya escuchaste llegar la luz del alba eterna... Acaso tus pies están muy firmes pisando las entrañas del abismo.

Ya no corre la arena del reloj por la garganta estrecha de tus días... acaso, acaso es tarde para todos los futuros y no podamos encontrar el punto exacto del encuentro.

Deja que mire una vez más aquella mirada tuya, esa que solo tienes cuando te asomas de puntillas a mi boca... Déjame, solo por una vez, que sea yo la única dueña de las tontas verdades que te acosan.

Conmigo