miércoles, 18 de octubre de 2017

La Leyenda del Sauce Llorón
Cuentan los ancianos del lugar que en lo alto del cerro había un pequeño lago y a su orilla creció un sauce. El sauce era fuerte, orgulloso y alegre, a su alrededor crecían margaritas y a él le parecían las flores más hermosas del mundo; pero un día, hasta la orilla del lago llegó una mujer en bicicleta, la mujer llevaba un vestido estampado con unas bellas orquídeas y corrió con su bicicleta aplastando las margaritas sin mirarlas siquiera, bajó de la bicicleta, se acercó al sauce cogió unas hojas y las observó con curiosidad, luego las dejó caer al suelo, bajó la mirada hacia las margaritas y pensó que eran unas flores muy simples, seguramente podría arrancarlas ¿y si plantase allí orquídeas? ¡Estaría tan bonita la orilla del lago con el sauce y las orquídeas alrededor!
Al día siguiente se puso a la tarea, con sus propias manos arrancó las margaritas y las cambió por bellas orquídeas, satisfecha del resultado subió a la bicicleta y se alejó.
Entonces, el sauce dejó caer sus ramas hacia el suelo y lloró, lloró sin consuelo por sus margaritas.
(las orquídeas se marchitaron, no soportaban las lágrimas del sauce)

sábado, 14 de octubre de 2017

Pasarás por mi lado, respirarás mis ansias, rozarás la sombra de mi vuelo, mas no verás mis ojos.
Recordarás un beso, una palabra, un sendero.
Recorrerás mis manos, mis senos y mi sangre.
Besarás mi vientre en cualquier vientre ajeno.
Te sentirás un hombre sobre cualquier caricia y al pasar por mi lado ya no verás mis ojos.

jueves, 12 de octubre de 2017

El guardián del lago
Vino sin flores en las manos, solo traía agua, agua y sed, y algún que otro hambre atrasado.
Hambre de sombras y de charcos, hambre de risas y de estruendos... hambre.
Hambre de bocas y de manos, hambre de aguas y de piel... hambre.
Vino sin flores en las manos, tan solo trajo amor, hambre y todos sus miedos acechando.

domingo, 8 de octubre de 2017



El tiempo los puso a mirarse de lejos, se veían por las rendijas del alma, no se escuchaban, no se temían, no se lloraban.
Finalmente compartieron estrellas, mordeduras de serpiente, planetas, zorros, y al príncipe de cabellos dorados.
Finalmente compartieron la nada

jueves, 5 de octubre de 2017

A una de mis abuelas le gustaba mucho cantar, yo llevo grabada su voz en el alma, siempre es un consuelo; la otra abuela era catastrofista, o eso me parecía a mí en mi pequeñez repleta de preguntas, claro que entonces no podía usar esa palabra tan sofisticada, "catastrofista".
Mi abuela Dionisia, la catastrofista, tuvo una infancia muy difícil, nació en 1895, a los 4 años se quedó sin madre, (ella lo decía así porque la palabra muerte le daba miedo) era la pequeña de 11 hermanos y su padre la llevó al hospicio con las monjas donde permaneció 5 años, esos fueron los mejores de su vida, decía siempre, luego tuvo una madrastra, y a los 14 años la pusieron a servir, se casó y tuvo hijos, vivió una guerra; yo estoy segura de que eso, la guerra y los años del hospicio marcaron su vida, aunque la guerra fue para mal. A ella le gustaba mucho hablar de la guerra, y lo hacía como una amenaza constante sobre nuestras cabezas, y es que, quién vive una guerra queda marcado a fuego con el miedo al miedo de vivir.
Me acuerdo hoy de mi abuela Dionisia, yo me quedaba escuchando sus historias de guerra tratando de memorizarlas, para mí eran algo parecido a los cuentos de Caperucita, Blancanieves... que algún día yo tendría que contarles a mis nietos.

martes, 3 de octubre de 2017

Náufragos de patrias y banderas caminamos algunos tratando de que la sangre no nos impida ver el camino.
Una sola gota de sangre es demasiada, aunque sea en nombre de la desobediencia; desobediente era una palabra que a mi abuela le gustaba mucho decirme con una mirada entre triste y resignada, no en vano se educó con las monjas y aprendió a obedecer en silencio.
Hoy los desobedientes por sistema de todo lo impuesto, tenemos una gota menos de sangre en nuestra vida.