lunes, 18 de diciembre de 2017




Cuando llegan estas fechas parece inevitable hacer balance de casi todo un año transcurrido desde el 1 de Enero hasta la recta final de Diciembre.
A mí lo que me viene pasando desde hace unos años es que no me cuadran las cuentas, mi vida no cambia en nada el día 31 de Diciembre de ningún año, los cambios drásticos en mi vida se repiten como una constante en dos tempos concretos -aunque mejor diré se repetían porque mi personaje en este juego ha cambiado, lo cual, para que negarlo, me tranquiliza- Los cambios se sucedían allá por los Abriles y por las Navidades, por eso a mis Abriles yo les di nombre propio y los escribo con mayúscula, más mayúscula si cabe, que las Navidades, los Abriles eran el tempo de encuentros con personas que después tuvieron mucha importancia en mi vida; las Navidades, al contrario, siempre han significado rupturas, y no las escribo sin mayúscula porque creo que cada ruptura con un presente lo hace ser pasado y deja de esta forma las manos abiertas a un futuro que se ha hecho Presente, Presente con mayúscula de Regalo, que es lo que en realidad significa la palabra presente... está Navidad no hay ruptura, ya no, no puedo romper con los Regalos que la vida me otorgó cuando ya estaba escribiendo mi confesión de perdedora.
Se que lo he complicado un mucho y no vais a entender nada, pero yo lo entiendo, y él, mi Presente, también.
En fin, que mi balance hoy, es de al menos dos años en los que ha habido: apertura, encuentro, cinco cambios de domicilio (dos de ellos de comunidad autónoma), ilusión, trabajo, desempleo, calma, sosiego, plenitud... y además, el nacimiento de una nieta, lo que me consolida definitivamente como "abuela cebolleta" portadora de magia y contadora de innumerables cuentos sobre duendes, gnomos, y cazadores malvados

viernes, 15 de diciembre de 2017

59 años tratando de crearme
59 años paseando entre el miedo, la envidia y la soberbia 
59 años rozando la ignorancia
59 años de estruendos, porque la discreción la perdí en los comienzos
59 años de trabajos forzados con la intención de doblar el destino hacia mi esquina.
59 años cargando con el peso de fabricar un yo consciente, amable y firme
59 años ganándome el derecho a ser valiente, sabia y bondadosa
59 años fracasando
59 años acertando en la diana de sentir
Toda una vida para ganar el derecho de ser
No es fácil llegar a sentir la plenitud, la vida se complica demasiado, nos creamos necesidades sin tregua, conseguimos alcanzar una meta y vamos a por la siguiente empapados en sudor. 
El hombre es un ser social y esto conlleva aceptar límites, ceder en derechos y libertades cuando afectan a otros, a todos se nos llena la boca con las palabras libertad, amor y felicidad, pero ¿Cuáles son los límites de la libertad? ¿Qué es el amor? ¿Se puede llegar a ser feliz?
Primero debemos saber qué entendemos por cada uno de estos conceptos, empezamos por la felicidad, o lo más parecido a la felicidad, que no es otra cosa que vivir la actualidad aceptando y respetando todo lo que nos rodea, aceptar no quiere decir conformarse, no podemos tener conformidad con la injusticia y el dolor, trabajemos cada uno en la medida de sus posibilidades por cambiar las situaciones injustas ya que es inevitable que existan, otro factor clave para alcanzar la felicidad es el amor a nuestro entorno, también esto hay que trabajarlo, el entorno no será perfecto nunca, ni las personas ni las situaciones, sin embargo se puede eliminar de la cotidianidad aquello que sea más doloroso aunque de camino se nos alejen otras cosas placenteras, todo tiene su precio y la libertad reside precisamente en elegir pagar dicho precio antes de conformarse con un dolor evitable.
Pero, ¿Y el amor? hablamos mucho de ello, diferenciamos el amor por relaciones y yo no creo que se deba hacer eso, claro que hay diferentes formas de amar pero todas tienen varios factores comunes: empatía, generosidad, justicia, serenidad, fuerza, compañerismo... en fin, todas esas cosas que hacen que estar al lado de una persona amada se convierta en una fiesta de vida, que mirar a una persona amada sea alegría y sosiego, que te añada fuerza personal para llevar la vida. Esta, creo yo, es la meta más importante, rodearte de personas cuya sóla mirada sea tu calma y tu fuerza.
Esta es mi meta en la vida, y hallarla mi plenitud que vivo cada día con gratitud hacia el mundo.