Cuando llegan estas fechas parece inevitable hacer balance de casi todo un año transcurrido desde el 1 de Enero hasta la recta final de Diciembre.
A mí lo que me viene pasando desde hace unos años es que no me cuadran las cuentas, mi vida no cambia en nada el día 31 de Diciembre de ningún año, los cambios drásticos en mi vida se repiten como una constante en dos tempos concretos -aunque mejor diré se repetían porque mi personaje en este juego ha cambiado, lo cual, para que negarlo, me tranquiliza- Los cambios se sucedían allá por los Abriles y por las Navidades, por eso a mis Abriles yo les di nombre propio y los escribo con mayúscula, más mayúscula si cabe, que las Navidades, los Abriles eran el tempo de encuentros con personas que después tuvieron mucha importancia en mi vida; las Navidades, al contrario, siempre han significado rupturas, y no las escribo sin mayúscula porque creo que cada ruptura con un presente lo hace ser pasado y deja de esta forma las manos abiertas a un futuro que se ha hecho Presente, Presente con mayúscula de Regalo, que es lo que en realidad significa la palabra presente... está Navidad no hay ruptura, ya no, no puedo romper con los Regalos que la vida me otorgó cuando ya estaba escribiendo mi confesión de perdedora.
Se que lo he complicado un mucho y no vais a entender nada, pero yo lo entiendo, y él, mi Presente, también.
En fin, que mi balance hoy, es de al menos dos años en los que ha habido: apertura, encuentro, cinco cambios de domicilio (dos de ellos de comunidad autónoma), ilusión, trabajo, desempleo, calma, sosiego, plenitud... y además, el nacimiento de una nieta, lo que me consolida definitivamente como "abuela cebolleta" portadora de magia y contadora de innumerables cuentos sobre duendes, gnomos, y cazadores malvados

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