Náufragos de patrias y banderas caminamos algunos tratando de que la sangre no nos impida ver el camino.
Una sola gota de sangre es demasiada, aunque sea en nombre de la desobediencia; desobediente era una palabra que a mi abuela le gustaba mucho decirme con una mirada entre triste y resignada, no en vano se educó con las monjas y aprendió a obedecer en silencio.
Hoy los desobedientes por sistema de todo lo impuesto, tenemos una gota menos de sangre en nuestra vida.
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