Mírame muy despacio, cómo si quisieras dibujarme en la memoria; recorre lentamente mis límites, con la esperanza de hacer tuya cada línea de un deseo.
Escucha la plegaria de una queja susurrada de mis labios a tu boca.
Alimenta el fuego de mi piel con tu mirada.
Apréndeme en el tiempo, en las distancias cortas, en el sueño hecho verdad.
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