Apenas abre el día y ya se asoma a mis ojos la esperanza, los días de descuento terminaron... y llegó por fin el tiempo de amañar la pelea con los sueños, de echarle un pulso a las sombras que me acusan y correr a paso lento hacia el abrazo que me ofrece el horizonte.
Me saluda mi presente acercando la realidad hasta mis ojos, zarandeando los sueños por los aires, y se caen del cielo todos los juguetes rotos, y ruedan por el suelo los zapatos de cristal.
Se escucha la campana de la iglesia de mi pueblo y el grito de todos los silencios que rompí, me acusan de besar sapos en la infancia, de saltar muros, de correr riesgos, de no creer en lo corréctamente inutil... de recortar distancias y remendar sin compasión cualquier recuerdo.
Y desde mis adentros recostada al borde de mi nada escucho indiferente sus acuses de recibo sin devorverles ni siquiera el eco de mi llanto.

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