Bajaba por una escalera de color, no importa mucho de que color era, tenía la mirada ausente, se había quedado atrás, lejos de todos... y allí, en medio de la soledad, vio brillar a lo lejos una mano tendida que le llamaba. No podía pensar, ni sentir, ya no... quiso correr pero las piernas no se movían, trató de adelantar sus brazos, pero tenía los músculos atrofiados, en su desesperación, hizo un intento de articular un grito, al menos una palabra, pero su boca permaneció muda e impasible.
Detrás de él el tiempo corria sin pausa, estaba a punto de alcanzarle. El tiempo, ese mostruo que se empeñaba en devorarle las entrañas con su tictac incansable, como un pulpo que se pegó a su espalda agarrado con sus tentáculos de años, meses, días... horas robadas al silencio... ese mostruo contradictorio hecho de risas y juegos, de lágrimas y olvidos... ese mostruo insaciable que le perseguía desde su más tierna infancia, o ¿quizás su infancia no fue tierna?
Y trató inútilmente de cerrar los ojos, de no sentir, de no escuchar... pero se pego a su garganta el sabor salado de las lágrimas caducadas... y allí está, en medio de nada, con la vida a las espaldas.
Detrás de él el tiempo corria sin pausa, estaba a punto de alcanzarle. El tiempo, ese mostruo que se empeñaba en devorarle las entrañas con su tictac incansable, como un pulpo que se pegó a su espalda agarrado con sus tentáculos de años, meses, días... horas robadas al silencio... ese mostruo contradictorio hecho de risas y juegos, de lágrimas y olvidos... ese mostruo insaciable que le perseguía desde su más tierna infancia, o ¿quizás su infancia no fue tierna?
Y trató inútilmente de cerrar los ojos, de no sentir, de no escuchar... pero se pego a su garganta el sabor salado de las lágrimas caducadas... y allí está, en medio de nada, con la vida a las espaldas.

Y allí, en medio de su soledad, aquel desgraciado de la escalera agarró con fuerza la mano tendida que lo llamaba. Voy, le dijo la mano; no te muevas, sigue ahí, iré a tu lado en menos de media hora. Ya salgo, ya voy, ya te alcanzo. Y llegó la voz y recorrieron los nuevos senderos de la vida lejos de la escalera de color donde estaba adherido el hombre de la mirada ausente.
ResponderEliminar¡Ah!, y se abrazaron, y recorrieron senderos de madrugada, senderos azules y escarchados; senderos rojizos de mar y arena…; ven: ya estoy, ya te alcanzo, ya respiro en ti, ya revolotean cien duendes en tus adentros y acabarás besando el suelo que yo piso, dijo la mano tendida. Sí, sí – respondió el de la mirada ausente…, sí pero ¿y tu mano?, ¿y la tarde?, ¿y la noche? ¿y el regreso a la nada? ¿y la ausencia? ¿y el viento solano? ¿ y los senderos del Moncayo?...¡¡¡ Déjame en mi escalera de color ¡!!; déjame, por Dios, lejos de la vida, abrazado a mi soledad y a la esperanza de saber que existes. Déjame soñar en tus adentros y que pueda, poco a poco, con la cautela de no romper silencios…acompañar la sombra de tu vuelo. Eso es todo lo que pido: acompañar la sombra de tu vuelo.