Cada madrugada me escucho en los silencios,
puedo sentir mi voz arañando sin piedad los bordes de mi cama...
cada despertar me repito las mentiras deseadas al oido,
cada gota de rocío se cuela en la ventana de mi alma
y me cala hasta los huesos...
y desgasta un poco más mi desgastada primavera.
Cada atardecer se esconde en mi ventana la ilusión de un día nuevo.

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