Yo tenía unos zapatos rojos, Lucía,; eran preciosos, tenían nuna hebilla dorada, muy brillante... mi madre me hizo un abrigo rojo, y me compró unos calcetines altos, muy altos; y blancos, muy blancos.
Debía tener unos siete años, y los domingos por la mañana me arreglaba para ir a misa, me ponía mi abrigo rojo y mis zapatos nuevos; y me sentía igual que una princesa... Sabes, Lucía; cuando tienes siete años, es fácil, muy fácil, sentirse una princesa. Incluso yo podía sentirme así cuando me arreglaba, cuidaba mucho de no manchar mis zapatos rojos... al menos, durante un ratito.

No hay comentarios:
Publicar un comentario