Quiso ser música, ser unas notas hechas canción. Se acomodó dentro del piano y esperó con paciencia a que el más pequeño de la familia llegase y aporrease el teclado con sus torpes dedos de aprendiz.
Aquel día la profesora se sorprendió, una dulce melodía envolvió el aire, y por un instante pareció que un ángel danzaba por la estancia al ritmo de los mágicos juegos armónicos...Apenas un suspiro salió de sus adentros, cerró los ojos y creyó sentir la magia en su alma... y así debió ser, porque al abrirlos de nuevo ya no vio música, sino el grito de queja de un piano en malas manos.
Cuando profesora y alumno se marcharon, salió de su escondite estiró sus alas y dejó su magia adormecida hasta el próximo capricho.

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