Quién dijo que era tarde para poder crear un sueño, quién vino para darme lecciones de vida.
Acaso no sabían que escribiste mi destino con tu pluma, no pudieron ver tu nombre grabado en mis pupilas, ni los besos que tejías bajo el sol de aquel verano... o quizás escondí mis alas bajo el peso agotador de la costumbre.
Y... aquí estoy rozando con mis dedos el sabor de tus desvelos, deshojando las distancias...y aquí estamos regalándonos la vida.

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