Te acercabas léntamente hacia mis besos, y yo, temerosa de quedarme para siempre en tu mirada, me bebí de un solo trago la sonrisa de tus labios y perdí el sentido del mañana para volar colgada de tus alas persiguiendo sin tregua los ahora.
Y desperté una madrugada en plena confusión de abrazos enredados, con tu piel sobre mis huesos y tu aliento por bandera.
Esta noche se vistió de blanco inmaculado para cumplir la promesa de mis sueños.
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