Nunca los eneros se perdieron por tu pelo, será porque la nieve se derrite en el calor de un pestañeo...
Al caer la noche, tu mirada se vuelve del color de los octubres y te acosan los recuerdos de un agosto en que te amarraste a la cintura los surcos de una vida, y volaste entre mil amaneceres persiguiendo inútilmente tu inocencia que descansaba en paz en el vientre de la fiera.
Desde siempre los abriles son abriles y los mayos primaveras.
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