Suena una vieja canción, los peces se inclinan ante ti reverenciando el llanto, -es bien sabido por todos el amor de los peces por las tristezas saladas- con el dorso de la mano intentas secar tus mejillas, no sabes que en esa carrera siempre fueron vencedoras las lágrimas. Entonces una algarabía te despierta, son las voces de los hijos del alba cantando tu nombre mientras el viejo gramófono desgrana lentamente tus recuerdos.
No debiste quedarte dormida bajo el sol.
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