Soy muy del Moncayo, allí regresaré, a mecerme en sus entrañas cuando mi cuerpo sea apenas una nada.
Por diversas circunstancias he vivido -nótese que no digo residido- en otros lugares, invariablemente mi tendencia es a identificarme con el paisaje, ser con él. apenas hace 3 meses que vivo en Galicia, mi primera residencia me gustó, era un lugar precioso; ahora, ahora ya no es que me guste el lugar, es mucho más, cada paseo es un descubrimiento, unas piedras, un río, un puente, la espesura del bosque, las castañas que caen a tus pies a cada paso como si la tierra le estuviese diciendo a los árboles que te mereces ese regalo. Realmente no creía ser merecedora de tanta belleza como siento, porque es así, esta belleza de lugar si siente en el cuerpo y en el alma, miras, escuchas, tocas, hueles, y finalmente te comes esas maravillosas castañas.
Sí, cuando muera, mis cenizas irán al Moncayo, a las entrañas de mi tierra madre, pero ahora, mi vida la voy dejando por este bosque que me acoge en su regazo, si no, como una madre, como una abuela que hubiese estado ausente de mi vida y regresase ahora a recuperar tiempos.
Gracias infinitas, Galicia.
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