sábado, 2 de septiembre de 2017

Aquellos veranos los dedicábamos a perseguir ranas con los pies sumergidos en el agua helada del arroyo.
Un día de uno de aquellos veranos, yo metí a mi muñeca en el arroyo, tenía un brazo a punto de romperse, se rompió y el brazo de goma desapareció corriente abajo, no pude alcanzarlo, nadie vio mi tristeza, aquel día fue el último de mi inocencia, supe que yo sería siempre la responsable de cualquier pérdida y que ya no habría excusa ni refugio.

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