Estás en mí, en cada milímetro de piel, en cada puntada que sostiene mi esperanza; estàs en la razón aquella que defiendo ardientemente, en cada letra que resbala de mis dedos, en todos los amaneceres.
Estás sentado sobre el mayor de los anhelos; sabes deslizarte los bajos de mi falda; conoces dedo a dedo mis senderos.
Eres quien hace correr la vida a saltos por mi vientre; eres la madrugada aquella que olvido guardar la luna.
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