Fue nuevo el despertar, largos los besos, lento el verano.
Se hizo más dulce el agua de la lluvia, más apacible el cierzo, menos inquieto el río; y todos los silencios se acumularon en el cabello que cubría mi frente.
Llegaste a mí cuando asomó el ocaso de mis instantes, llevabas la esperanza cogida de tu mano; y sobre tu solapa, prendido, un sueño fraguado en poesía.
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