miércoles, 6 de febrero de 2013
El bosque no nacido
Abrirse a la vida, a la nada que fuera el primer tiempo, abrirse paso, y a través de las rendijas de un viejo suspiro, escuchar el nuevo latir de un reflejo cercano aunque distante... sentir el eco proximo de una llamada anhelada, y no querer correr para encontrala.
Cercar el pasado con espinas, aferrarse al futuro, descender a los sótanos del tiempo para toparse de narices con un ahora, a medias ausente, a medias cercano, a medias renacido, a medias todo...
A veces se hace muy costoso lo sencillo: ver el arbol por encima de los bosques.
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Precioso texto para todos los bosques que construimos a lo largo de esta y otras vidas...
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ResponderEliminarMuchas gracias, Miguel Ángel
Solo hay bosques si tú los dibujas despacio;con dos manos, con dos sonrisas o con el teclado imaginario que acarician tus besos.
ResponderEliminarLos bosques todos hacen cola para que lo dibujes, los imagines, los lleves a tu mente. Pero el bosque de olivos no; el olivo se ha colado en tu alcoba y luce en el cabezal de tu cama... Ah..., dormir bajo la sombra de un olivo... ¿es dicha o es preludio de la muerte?: lee el ultimo cuento amargo picante del aceite de oliva.
Es paz, el olivo que luce en el cabeza de mi cama es paz.
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