Lo adivinó en el eco de unas pisadas lentas por un día de estio, era un caminar lento de lenta escritura sobre la fresca hierba de aquella madrugada.
Y fue el ritmo de un corazón mar de silencios el que marcó en su alma el beso más sonoro que jamás escuchó.
Y se encontró a su sombra danzando entre los vientos que querían beberla, y soñó que anhelaba un viaje a las estrellas, un vestido de anhelos, un despertar en él...

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