El aroma de mis manos en tus sienes, mil "te amo" grabados en tus noches, mi luz en cada esquina de tu vida y el humo de una vela inacabada pegado a la garganta.
Dos palabras para un último reproche, mi mirada de fuego limpio clavada en tu fingida indiferencia y unos tristes poemas que anticipaban tiempos.
La batalla perdida por ambos ejércitos, la triste indiferencia creciendo en mis entrañas, porque nada dolió tanto cómo desarraigar ese amor que nació del alma.
Y hoy un breve poemario manuscrito para recordarte, para recordarme, que fuimos juguetes del destino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario