miércoles, 1 de noviembre de 2017

El hijo que esperabas se ha perdido en otra cuna, abrazos de oro le dan para suplir tu latido, leche de vaca a cuenta de tu pecho; le bañan en ricas esencias mientras tus lágrimas recorren el camino de su falsa muerte.
El hijo que esperabas y al que sigues rezando porque es tu único dios y patria, se ha quedado dormido en un regazo frío mientras la tristeza se relame la pena de tus ojos añorando la primera vez que pudo llamarte madre.
El hijo que esperabas, ese al que eternamente acunas en tu alma.

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