Escribes lentamente tu nombre sobre su carne, le muerdes sin prisas, te has adueñado de sus huesos y ahora masticas con deleite las vísceras.
Su poder masculino se rinde ante ti mientras exhibes tu baile alrededor del lecho... Caerás finalmente como un manto sobre él y serás la única que le ha doblegado, incluso antes de abrazarle.
Él, aún sin admitirlo, te espera.
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